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Textura de gotas de agua

Cap. 4

Matriz dependencia |
Colorante artificial vs. natural

Un colorante no “pinta” igual en todo, porque no todos los alimentos son el mismo mundo. Un yogur no se comporta como una buttercream. Un glaseado espejo no se comporta como una masa horneada. Una bebida alcohólica no se comporta como un merengue. A eso le llamamos matriz: el entorno real donde vive el color. Y aquí está la gran diferencia: los colorantes artificiales suelen sentirse “fáciles” porque fueron diseñados para ser estables, intensos y previsibles en muchas matrices; los colorantes naturales, en cambio, se comportan como ingredientes, responden al medio, y por eso son matriz dependientes.

Cuando alguien prueba color natural por primera vez y dice “no sirve”, casi siempre lo que pasó fue esto: quiso usarlo como si fuera artificial. Y no se puede. El color natural no es un reemplazo directo, sino que requiere de una decisión técnica que exige entender el contexto del producto.

Qué significa realmente “matriz dependencia”


Significa que el resultado final del color depende de variables que están dentro del alimento y dentro del proceso. No es solo “qué pigmento usaste”, también es: cuánta agua hay, cuánta grasa hay, cuánta azúcar hay, qué tan ácido o alcalino es el sistema, qué temperatura alcanza, cuánto tiempo está expuesto a la luz, cuánto aire incorporas y en qué momento agregas el pigmento. En otras palabras: el color no vive aislado, vive en química y vive en técnica.

Por eso, con colorantes naturales, dos cocinas pueden usar el mismo pigmento y obtener resultados distintos. Y eso no es un problema del pigmento, es una invitación a subir de nivel: pasar de “aplicar” a “formular”.

¿Por qué los artificiales se sienten más estables?


Porque muchos fueron creados para resistir cambios de pH, calor y luz con menor variación de tono. Además, suelen tener alta potencia tintórea, lo que hace que con dosis pequeñas logres colores muy intensos. Esa combinación de estabilidad e intensidad hizo que se volvieran una solución estándar en industria y, por costumbre, también en muchas cocinas. El punto es que esa estabilidad tiene un costo conceptual: cuando el color se vuelve tan fácil que deja de representar el ingrediente, empieza a maquillar.

Los naturales son distintos: su mayor valor es la coherencia, pero su reto es el control técnico. Y ahí es donde el LAB Gato Dumas entra a hacer lo que de verdad le da poder a una cocina: probar, medir, comparar y documentar.

Las variables que más cambian el resultado del color natural

 

  • El pH es una de las más determinantes. En matrices ácidas, ciertos pigmentos se ven más vivos y otros se apagan o cambian de tonalidad. En matrices menos ácidas o más cercanas a neutro, el mismo pigmento puede “virar” o perder fuerza. Esto explica por qué un color que se ve perfecto en una bebida frutal no necesariamente se ve igual en una crema.

  • La temperatura es el segundo gran factor. En horneados o cocciones, algunos tonos se transforman porque el pigmento se degrada, reacciona o se oscurece. Por eso, en aplicaciones horneadas, la expectativa debe ajustarse: el color natural tiende a verse más orgánico, más integrado con el dorado, menos “neón”. Y eso, para una marca coherente, no es una pérdida: es identidad.

  • La grasa también manda. En matrices grasas, el color se dispersa distinto, se satura distinto y muchas veces se percibe más pastel. Esto explica por qué en buttercream el resultado puede ser precioso pero menos intenso que en agua. No es un “fallo”, es la lectura natural de una matriz que refleja luz de otra forma y que no permite la misma dispersión que un medio acuoso.

  • El azúcar y la estructura también cambian todo. En un glaseado espejo, por ejemplo, no basta con “poner color”: necesitas emulsión, temperatura correcta y una matriz bien construida para que el pigmento se vea brillante, uniforme y estable. En merengues, el exceso de líquido puede debilitar la estructura, y ahí el color no solo cambia estética: cambia técnica.

  • Y por último, el momento de incorporación. Agregar el pigmento al inicio, al final, con calor, con frío, con mezcla suave o con batido fuerte, puede cambiar el tono, la homogeneidad y hasta la textura. Con color natural, el “cuándo” importa casi tanto como el “cuánto”.


La solución no es complicar la cocina, es entender la matriz antes de exigirle al pigmento. Este capítulo te invita a pensar como formulador: primero define la matriz y el objetivo visual, luego eliges el pigmento y ajustas el proceso. Cuando haces eso, el color natural deja de ser un riesgo y se vuelve una herramienta de diseño.

Si una cocina quiere diferenciarse de verdad en los próximos años, va a ganar quien logre coherencia con consistencia. Coherencia sin consistencia es discurso bonito. Consistencia sin coherencia es industria sin alma. El punto alto está en dominar las dos.

Si ya entiendes que el color natural depende de la matriz, el siguiente paso es conocer el lenguaje completo: los pigmentos. Porque no todos los naturales se comportan igual, no entregan el mismo tipo de tono, ni funcionan mejor en las mismas aplicaciones. En el capítulo 5 vamos a entrar al kit de Chef & Pâtissier como sistema: pigmentos, extractos y vehículos, y cómo elegir con criterio según el resultado que quieres lograr.

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Un proyecto colaborativo entre

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